La Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI), define la economía circular como un enfoque de desarrollo sostenible, en el cual los recursos se utilizan de manera más eficiente, como consecuencia de ser usados más de una vez.
De esta manera, resulta importante la transformación de nuestros modelos históricos de aprovechamiento y utilización de nuestros recursos para ser consumidos y finalmente desechados y empezar a hacer tangible nuestro aporte con la sostenibilidad a través de la implementación de modelos de economía circular que nos permitan contar con indicadores de gestión de los residuos que nos impulse a lograr el equilibrio entre el desarrollo económico, social y ambiental.
Cuando hablamos de sostenibilidad, una palabra muy usada en las últimas décadas, hacemos referencia al largo plazo, a aquello que dura y trasciende, a la búsqueda de un mayor esfuerzo que nos permita seguir creciendo y desarrollándonos. Esto es lo mismo que sucede con la economía circular que no necesariamente se da de manera fácil, rápida o económica, pero que definitivamente termina siendo muy rentable en sus tres acepciones: economía, medio ambiente y comunidad.
Por tanto, la economía circular es un paradigma que tiene como objetivo generar prosperidad económica, proteger el medio ambiente y prevenir la contaminación ambiental, facilitando así el desarrollo sostenible.
Así, este tipo de economía busca conseguir un modelo económico sostenible en el cual los residuos no sean asociados directamente a desecho, sino que puedan ser reutilizados como materias primas de nuevos procesos en el desarrollo económico-productivo.
Mientras que en su mayoría los procesos actuales se basan en una economía lineal en la que se extraen los recursos, se produce, se consume para finalmente desechar los residuos, la economía circular propone una nueva forma de hacer las cosas en donde se extraen los recursos, se transforman, se usan y luego se rehúsan, recuperando los materiales y la energía de los productos y servicios disponibles.
Y en ese sentido, el sector pesquero y acuícola son sectores muy relevantes para el desarrollo de la economía mundial y también para la sostenibilidad del planeta. Es por esta razón que, nuestros procesos extractivos y productivos, así como, nuestra concepción de productividad debe transformarse. Es momento de mirar al sector pesquero como parte fundamental en el desarrollo de las naciones y buscar propuestas que nos permitan generar estrategias en toda nuestra cadena productiva y en el uso de los productos y servicios necesarios para la pesca y la acuicultura haciendo un uso racional de los recursos naturales y procurando la preservación de los mismos.
Como bien señala Osciel Velásquez, presidente de ALPESCAS, MÁSMAR y Sonapesca, “quienes me conocen saben que soy un hombre de mar y que he estado toda mi vida ligado a la pesca. En el pasado, la preocupación era solamente extraer recursos del mar, sin embargo, ahora estamos conscientes que estos deben cuidarse. Ya no podemos seguir funcionando con la lógica de usar, producir y tirar”.
Un gran ejemplo del cambio que se viene produciendo en la pesca y la acuicultura en América Latina la imponen países como Chile, Perú, México, Colombia, Brasil, entre otros quienes desde el sector privado y público vienen impulsando la implementación de acciones y políticas públicas en pro de una economía circular que contribuya al desarrollo sostenible de sus naciones y del mundo.
Actualmente, a través de la cooperación generada por la gremial latinoamericana ALPESCAS, países como México, Costa Rica, Brasil y Ecuador, están avanzando para iniciar un trabajo de reciclaje de las redes de pesca, mientras que Perú y Argentina ya han entregado importantes toneladas de este material para el programa de reciclaje.
La industria pesquera chilena, a través de la Sociedad Nacional de Pesca (Sonapesca F.G), gremio que reúne a más de 100 pequeñas, medianas y grandes empresas del país, viene trabajando, a través de un acuerdo de colaboración con la empresa californiana Bureo, el reciclaje de redes de pesca mediante el programa Net Positiva habiendo logrado reciclar 460 mil kilos de redes de pesca en desuso, convirtiéndolas en plástico Net Plus, el cual ha permitido confeccionar lentes de sol, skates, sillas ergonómicas, productos deportivos, entre otros. Además, con las ganancias en las ventas de estos productos, se han financiado proyectos comunitarios en zonas costeras que promueven la educación ambiental y el fomento del reciclaje, generando así un círculo virtuoso.
Pero no solo eso. También están desarrollando un gran trabajo en disminuir el efecto de las operaciones de las plantas pesqueras al medio ambiente y; es por ello que, se han firmado una serie de “Acuerdos de Producción Limpia (APL)”, que son reconocidas por la ONU como Acciones Nacionalmente Apropiadas de Mitigación (NAMA’s por su sigla en inglés) para el cambio climático. En ese sentido, uno de los más importantes –por la magnitud del acuerdo, ya que involucra a un gremio en su totalidad y, a través de éste, a la gran mayoría de la flota industrial nacional– es el APL “Cero Residuos al mar” por parte de embarcaciones pesqueras industriales, que busca promover la reutilización, el reciclaje y la valorización de los desechos domiciliarios, especialmente plásticos, a fin de disminuir el impacto que este tipo de desecho provoca en el medio marino y la cadena alimenticia humana.
Otro hito importante para la industria pesquera chilena, es la inauguración en Coquimbo, de la primera planta de economía circular en el norte de Chile, Crustanic, de la empresa Rymar socia de Sonapesca, dedicada al procesamiento y distribución de bioproductos del mar de camarones y langostinos, con el propósito de generar mayor valor en productos de la pesca y reducir el gasto energético.
Esta instalación nace gracias al Programa MásMar y con financiamiento a través del Programa de Apoyo a la Inversión Productiva para la Reactivación (IPRO) de CORFO, financiado por el Gobierno Regional de Coquimbo y se trata de una planta con una alta y moderna tecnología cuyo costo alcanza los 2 millones de dólares
La empresa Rymar señala que al año producen cerca de 3.200 toneladas de desechos, que eran destinados a los vertederos, generando percolados y contaminación; sin embargo, la planta de economía circular les ha permitido innovar y aprovechar los subproductos, extrayendo quitosano, un polímero presente en los residuos de los productos marinos, y que es muy demandado en la industria agrícola como un fungicida.
Anualmente, se estima que 2.000.000 de toneladas de los residuos de camarones y langostinos se destinan a la producción de quitosano, lo que se traduce en 1.200.000 litros al año de este derivado. Así, se estima que esta nueva planta aumentará el rendimiento de esta materia prima de un 15% a un 90%.
Por su parte, el programa MásMar también ha desarrollado productos como patés de camarones y machas, snack y sopas de ostiones, además de obtener quitosano para la creación de fungicidas, enraizantes y estimulantes agrícolas.
Por otro lado, en el caso de Colombia, un país que cuenta con dos océanos y una gran variedad de ríos, se apuesta por continuar trabajando en el desarrollo de una pesca sostenible, acompañada del desarrollo de una acuicultura creciente que tiene que seguir diversificándose y colonizando nuevos escenarios a través de la maricultura. Dentro de los procesos que desarrollan, es importante resaltar los nutrientes y las características de los productos provenientes de la pesca y la acuicultura, así como divulgar el sentido social que esta actividad genera.
El Director General de la AUNAP, Nicolás Del Castillo ha manifestado que “Estamos viviendo en la era del consumo responsable en todos los ámbitos de la vida y, por supuesto, la comida está ahí. Es por ello que, en ese campo, en Colombia esto ya es una tendencia marcada, y los establecimientos que le apuestan a productos que involucran diferentes componentes sociales y ambientales tienen el terreno abonado para crecer”.
Es evidente que la sostenibilidad y el desarrollo pueden y deben ir de la mano, y que varias empresas pueden apoyar procesos en los que la conservación ambiental genere oportunidades de desarrollo para comunidades vulnerables.
Colombia es parte activa de la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT), en la cual se definen y adoptan las medidas de conservación para los atunes tropicales en el Océano Pacífico Oriental (entre otras). En la última reunión anual de la CIAT, Colombia confirmó la extensión de las medidas actuales de conservación de la CIAT, consignadas en la Resolución C-17-02, por un año más hasta el final de 2021. Este mandato incluye la mejora de la gestión de dispositivos de agregación de peces (plantados) y la recopilación de datos para avanzar en el seguimiento y evaluación de la pesquería de plantados con base en el asesoramiento científico y el enfoque de precaución. Ello, a fin de fortalecer la sostenibilidad ambiental de las diversas especies de atunes, reduciendo la captura de atunes juveniles y de especies incidentales como los tiburones, rayas y tortugas. La declaración presentada por Colombia y la UE logró el copatrocinio de las delegaciones de Japón, Estados Unidos, Belice, México, Francia, entre otros. Este apoyo denota un compromiso amplio para avanzar en la sostenibilidad de la pesquería de túnidos tropicales.
En el caso de México, un país con visión y acción, tenemos una industria pesquera, representada por el señor Humberto Becerra Batista, Presidente de la Cámara Nacional de la Industria Pesquera y Acuícola (Canainpesca), comprometidos en contribuir con los avances de una economía circular, con iniciativas y esfuerzos por el uso sustentable y responsable de los recursos, que convergen en una responsabilidad social y medioambiental, y acciones dirigidas a combatir la contaminación en pro de la fortaleza del medio ambiente.
En este proceso, el Presidente de CANINPESCA declaró, “estamos retomando con la iniciativa “Ola México” el acuerdo de la segunda reunión de ALPESCAS realizada en Guayaquil, Ecuador, de la iniciativa presentada por Chile “Acuerdo Atando Cabos” para reducir, reusar y reciclar materiales de plástico de desecho para convertirlos en materia prima de productos útiles, y contribuyendo a la salud de los océanos.
De lo que se trata, explicó, es de maximizar la utilidad de los materiales en todo momento mediante: reciclaje, reutilización, reparación, remanufactura y de esta manera dar una segunda, tercera o cuarta vida a los materiales. Y en ese propósito hay varias motivaciones: Interés económico, ser más eficientes, tener menores costos, aunado a la conciencia y responsabilidad con el medio ambiente y sustentabilidad de los recursos, para el futuro de la actividad.
La incursión de la industria pesquera mexicana a la Economía Circular se formalizó hace un año, el 16 de enero de 2020, en Junta de Consejo Directivo Nacional de CANAINPESCA, donde se firmó el convenio Ola México con INPLARSA, Ingeniería en Plásticos Reciclados, para reducir, reusar y reciclar materiales de plástico, que es una de las acciones que hasta la fecha se continúan realizando.
Asímismo, tenemos el caso de Brasil, quien desde la Corporación Brasileña de Investigación Agropecuaria del Ministerio de Agricultura, Pecuaria y Abastecimiento – MAPA/BR, lanzó en febrero de 2021, un Manual para la gestión del agua y de los residuos del procesamiento del pescado, dirigido a las industrias procesadoras de pescado. El manual está alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU. La publicación realizada en el estado de Tocantins/BR, se hizo después de los resultados positivos obtenidos de una investigación realizada en una industria pesquera que tuvo una reducción de hasta el 30% en el uso de agua y la generación de efluentes por las industrias pesqueras. Este manual puede considerarse una acción a favor de la Economía Circular en las industrias pesqueras del país, que aún está iniciando este proceso. Las industrias de procesamiento de pescado en el sur de Brasil ya tienen programas de reutilización de los residuos de pescado procesado, principalmente para la producción de alimentos para animales.
Por su parte el Perú no es ajeno a los procesos de cambio y menos aún a la economía circular. La industria pesquera peruana ha alcanzado estándares de eficiencia y sostenibilidad a nivel mundial, siendo la sostenibilidad la base de sus actividades productivas, así como el cuidado del medio ambiente.
Así, las empresas del sector pesquero industrial, asociado a la Sociedad Nacional de Pesquería, se está enfocando en la reducción y mitigación de los impactos medioambientales, situación que se ve reflejada a lo largo de las últimas décadas con una inversión de más de US 500 millones de dólares en innovación tecnológica, consolidándose a nivel mundial como una industria pesquera sostenible. Un logro concreto de ello, es que se cuenta con una biomasa de anchoveta saludable desde hace más de 15 años, con un promedio que supera los 8.4 millones de toneladas, así como también aprovechan responsablemente los recursos pota, jurel, caballa y atún los cuales fluctúan de acuerdo a las condiciones predominantes en su ecosistema.
Gracias a la innovación tecnológica que está basada en la Economía Circular, se reúsan los vahos calientes que salen de los secadores, los que son conducidos a las plantas Evaporadoras de Agua de Cola en dónde ceden su energía térmica, posibilitando de esta manera la reducción en 25% del uso de combustibles para la generación de vapor, lo que a su vez reduce en 25% la generación de Gases de Efecto Invernadero.
De esta manera, se cuenta con un alto nivel de gestión ambiental en virtud de la innovación tecnológica mediante la cual el 100% del aparato productivo de harina y aceite de pescado ha migrado a la tecnología Ecoeficiente de SECADO INDIRECTO A VAPOR, comparado con los estándares de las mejores plantas de Europa y América Latina.
Su alto nivel de gestión ambiental les ha permitido operar sin impactos significativos en los ecosistemas y les ha devuelto la armonía con las poblaciones aledañas en un extenso borde costero de más de 3,000 kms., desde Bayóvar en el Norte hasta Ilo en el Sur.
Esta adecuada gestión ambiental de la industria pesquera peruana también comprende modernos sistemas de tratamiento de los efluentes, que les ha permitido alcanzar exigentes niveles de límites máximos permisibles regulados y controlados por las autoridades competentes. Estos sistemas han sido implementados en todas las plantas de procesamiento, y permiten reducir los niveles de agua que se utilizan para la producción y que favorece el medio ambiente.
También han logrado la eficiencia con la implementación de tecnología que les permite optimizar el uso de los recursos para producir la misma cantidad de producto terminado con menor cantidad de materia prima. Por ejemplo, en la actualidad han reducido la cantidad de recursos (Anchoveta) necesarios para elaborar 1 tonelada de harina de pescado en 30% al pasar de 6 a 4.2 toneladas de Anchoveta por tonelada de harina. Ello, se ha logrado en mérito a la innovación tecnológica que permite incorporar al proceso los sólidos de la sanguaza, del agua de cola, así como los aceites y grasas.
Adicionalmente cuentan con una planta de compostaje en la Bahía de Paracas, siendo la primera planta de compostaje de residuos de la pesca industrial en Latinoamérica, y que ha logrado mitigar 191.5 TM de CO2 por año, habiéndose donado más de 160 TM de compost para el abono de parques y jardines al Estado Peruano.
Por otro lado, estas empresas cuentan con un 20% de sus plantas productoras abastecidas con gas natural, un combustible limpio para las Calderas de Vapor, particularmente en las zonas abastecidas por gaseoductos, como son Callao, Tambo de Mora y Paracas. En la medida que se construyan más gaseoductos en la zona costera la industria continuará cambiando su matriz energética.
Finalmente, la Sociedad Nacional de Pesquería viene impulsando la suscripción de los “Acuerdo de Producción Limpia” (APL) entre las empresas asociadas y los Ministerios de la Producción y del Ambiente. Los APL tienen por objetivo, implementar estrategias para el uso eficiente de bienes en desuso y en la gestión de residuos sólidos, marcando así un hito hacia la economía circular en el sector.
Los APL son instrumentos de promoción que introducen en las actividades productivas un conjunto de acciones para el cumplimiento de la legislación ambiental vigente, mejorando así las condiciones para la prevención o minimización de la generación de los residuos sólidos.
La suscripción de los APL implica ratificar el compromiso por la sostenibilidad y la economía circular, ya que buscan también inspirar a otros gremios y empresas para que se sumen en esta gran cruzada por un mejor planeta. La finalidad es implementar una serie de acciones que incluyen el desarrollo de proyectos de educación ambiental en instituciones educativas, orientadas a la minimización, valorización y adecuado manejo de residuos sólidos; así como brindar apoyo e impulso al programa de segregación en la fuente y recolección de residuos sólidos municipales, entre otros.
De esta manera, hemos realizado un pequeño recorrido por alguna de las industrias pesqueras y acuícolas de América Latina que vienen trabajando en pro de la sostenibilidad y en busca de una economía circular la cual hoy ya no es una promesa sino una realidad.
Finalmente, hacemos extensiva la invitación a ser parte de esta revolución. Sabemos que es un camino que recién comienza, pero estamos seguros que si transcurrimos este camino juntos, seremos capaces de lograr y ser un polo de desarrollo de la pesca sustentable en Latinoamérica.