Hoy el común denominador entre los países pesqueros del mundo es su preocupación por
la sustentabilidad de los ecosistemas y de las pesquerías, o al menos eso es lo que parece
a juzgar por la cantidad de eventos, foros, y declaraciones que tienen como eje esos
conceptos, no sólo en América, incluyendo a Estados Unidos, sino también en Europa y
Asia.
Estados Unidos, que le gusta ser el primero en todo, se considera un líder mundial en
pesquerías gestionadas de manera responsable y productos del mar sostenibles. Pregonan
que “trabajando en estrecha colaboración con pescadores tribales comerciales,
recreativos y de pequeña escala, hemos reconstruido numerosas poblaciones de peces y
hemos logrado crear algunas de las pesquerías gestionadas de forma más sostenible en el
mundo”, según la Administración Nacional Oceánica Atmosférica (NOAA), del
Departamento de Comercio.
En Latinoamérica, ocho países pesqueros agrupados en la Alianza Latinoamericana para la
seguridad alimentaria a través de la pesca sustentable que preside Osciel Velásquez,
trabajan con el objetivo común de la sustentabilidad de los recursos pesqueros, fomentar
la economía circular en los procesos de producción y el cuidado del medio ambiente. Así
se desprendió tras la reciente 5ta Reunión de ALPESCAS, donde se abordaron esos temas.
Estos ocho nueve países latinos (Chile, Perú, México, El Salvador, Costa Rica, Brasil,
Colombia, Ecuador, Argentina) se acogen a los lineamientos de la FAO, organización
internacional que en la primera semana de febrero concluyó su 34° período de sesiones
del Comité de Pesca (COFI34), donde su Directora General, Maria Helena Semedo, dijo
que la pesca y la acuicultura son de importancia crítica para la transformación de los
sistemas agroalimentarios mundiales y todos compartimos un objetivo común: la gestión
sostenible de nuestros valiosos recursos acuáticos.
Lo anterior, precisó Semedo, es vital para tener una mejor producción, una mejor
nutrición, un mejor medio ambiente y una mejor vida para todos para que, juntos,
podamos alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de La ONU.
Y en esa misma sintonía, Osciel Velásquez había puntualizado semanas atrás durante la V
Reunión de ALPESCAS con sede en Perú, la relevancia del trabajo en tres objetivos:
desarrollo de la pesca, sustentabilidad y recuperación de pesquerías, así como el aumento
en el consumo de productos del mar. Convocó a los expertos a trabajar en ello para
proyectar la pesca industrial y artesanal de largo plazo, cuidar la biomasa para las futuras
generaciones, controlar la pesca ilegal y cuidar a las empresas pesqueras regionales, con una sana relación comercial, humana entre la pesca industrial y los pescadores
artesanales.
Sus palabras definen a la perfección lo que es el concepto universal de sustentabilidad.
En esa ocasión, el representante de la FAO para América latina y el Caribe, Alejandro
Flores Nava dio a conocer que en América Latina, Perú tiene el primer lugar en producción
pesquera, con 4 millones de toneladas; le sigue Chile, con 2.3 millones de toneladas;
México con 1.4 millones de toneladas y Argentina con 800 mil toneladas. Cifras que
demuestran que el mar y sus recursos son una fuente histórica de riqueza en las naciones.
Conservar y acrecentar esas cifras, que no incluyen la aportación de la acuacultura;
implica un serio compromiso de sustentabilidad, atención a los desafíos del cambio
climático y la pesca ilegal, no declarada y no reglamentada, entre otros factores, ya que
los mercados globales están exigiendo evidencias del combate la pesca ilegal a los países
exportadores.
Los esfuerzos en los países hacia la sustentabilidad tienen diversas aristas. En Brasil, el
Ministerio de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento (Mapa) impulsa técnicas y métodos
sostenibles para la explotación y control de una de sus pesquerías importantes, el bagre,
(piracatinga) especie cuya explotación estaba en moratoria por prácticas ilegales y ahora
se busca convertir en actividad legal y sostenible, reduciendo prácticas de pesca
predatoria de esta especie de alta importancia local en las comunidades amazónicas.
Ecuador y Costa Rica firmaron un Memorando de Entendimiento para la conservación y el
aprovechamiento sostenible de los recursos marinos, pesqueros y acuícolas. Lo
suscribieron el ministro de Producción ecuatoriano, Iván Ontaneda y el ministro de
Agricultura y Ganadería de Costa Rica, Renato Alvarado. Ambos reiteraron el compromiso
de sus países con la protección de océanos y ecosistemas marinos, además del combate a
la pesca ilegal.
Previo a eso, en Perú, pescadores artesanales y empresarios del sector lograron un
acuerdo para reducir la contaminación en la Reserva Marina de Galápagos (RMG), así
como a fortalecer las capacidades de las cooperativas de pesca en procesos de extracción,
procesamiento y comercialización de productos pesqueros, respetando estándares
técnicos y científicos de sustentabilidad.
En Colombia, como una clara medida de sustentabilidad del recurso pesquero, se
estableció un periodo de veda del camarón del Pacífico, entre el 15 de enero y el 15 de
marzo de 2021, informó la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca (AUNAP). Así se
protege el periodo de reproducción y reclutamiento del crustáceo, al tiempo que se
disminuye la extracción de ejemplares jóvenes, lo que propicia la conservación de los
stocks, y por ende su disponibilidad para el aprovechamiento.
En Chile, y en coordinación entre la Sociedad Nacional de Pesca (Sonapesca F.G.), gremio que
reune a más de cien pequeñas, pequeñas y medianas empresas y la Sebsecretaría de Pesca,
organismo del Estado que vela por la institucionalidad Pesquera han desarrollado un trabajo para
certificar pesquerías. En ese sentido, el gremio ha logrado certificar bajo el programa Marine
Stewardship Council, MSC, las pesquerías industriales del jurel, merluza austral, camarón nailon,
langostino amarillo y langostino colorado de las zonas centro norte y centro sur del país, además
del krill de la zona antártica, lo que suma ocho pesquerías certificadas en MSC.
Este estándar evalúa que se cumplan tres principios: Que la población de la especie objetivo esté
saludable; el impacto de las actividades de pesca en el ecosistema; y que la pesquería está bien
gestionada.
Además, hay que destacar que existen otras pesquerías certificadas bajo el sello Marine Trust (Ex
IFFO-RS), como las de pequeños pelágicos de la zona norte de Chile (anchoveta, sardina y jurel).
En 2014 se informó en Chile a través de la Subsecretaría de Pesca, sobre el agotamiento
de especies por sobre explotación pesquera, señalando que, de las 33 principales
pesquerías chilenas, 16 estaban en una situación crítica en ese momento, lo que se ha
venido remontando paulatinamente. Ahora en enero de 2021, fue designada Alicia
Gallardo Lagno como nueva Subsecretaria de Pesca y Acuicultura, quien al asumir el nuevo
encargo, y con la experiencia Vivida, se comprometió a seguir avanzando hacia una
producción sustentable.
Panamá no es, al momento, integrante de ALPESCAS, pero ante la presión internacional
de sustentabilidad pesquera, anunció una ley que busca mejorar la pesca para todos,
impulsando prácticas responsables y sostenibles. De esa manera pretende el gobierno
panameño actualizar su obsoleta ley de pesca que ya acumula 60 años. la administradora
de la Autoridad de los Recursos Acuáticos de Panamá (Arap), Flor Torrijos declaró a la
agencia EFE que “Es momento para que Panamá logre tener una ley que abarque no solo
la pesca industrial, sino la artesanal. La ley le da un marco legal y herramientas a la
institución para lograr un ordenamiento de primer mundo».
México ha dado grandes pasos en materia de sustentabilidad pesquera, al lograr que tres
de sus más importantes pesquerías, que representan la cuarta parte del volumen de
producción nacional, estén certificadas como sustentables por el Marine Stewardship
Council (MSC), organismo que establece los estándares para la pesca sostenible y
trazabilidad de los productos pesqueros con certificación. Se trata de las pesquerías de
atún, langosta y sardina.
El hecho de que en México esté certificado por organismos internacionales el 25 % de la
producción pesquera no es un dato menor, ya que el promedio mundial es de 12% y ello
coloca al país a la cabeza en Latinoamérica y como referente en la pesca y acuacultura
sustentables.
También la acuacultura
De acuerdo con información del movimiento #PescaConFuturo, la acuacultura también
forma parte del compromiso con la sostenibilidad, en virtud de que ya se han empezado a
certificar las granjas tanto de maricultura como de acuacultura en aguas interiores, bajo
diferentes estándares de certificación como el BAP (Best Aquaculture Practices), es ASC
(Aquaculture Stewardship Council) y el Global GAP.
Dichos estándares se orientan a la sustentabilidad de la producción acuícola en términos
de alimentación, producción (semilla o cría y engorda) y procesamiento. Ya un par de
granjas de tilapia mexicana cuentan con certificación ASC y algunas de camarón están
buscando BAP.
La sustentabilidad es una manera de entender el mundo. No es una moda, sino un
compromiso con la forma en que consumimos nuestros recursos. Las empresas pesqueras
y acuícolas mexicanas han sabido integrar esta visión, replanteándose sus métodos de
extracción y producción para poder seguir teniendo alimentos durante muchos años más.
En esa tarea que incluye intercambio de experiencias, promoción de pescados y mariscos,
así como el cuidado de especies y ecosistemas acuáticos. están unidos #PescaConFuturo
de México, “A comer pescado” de Perú, y “ProPescado” de Chile.